|
CATALINA DE ALEJANDRÍA
Hablo con la cabeza degollada
alrededor de los ojos de lictores
que comen de la muerte y la vomitan.
Como a una cicatriz, me aferro a mi cráneo.
Piedras ceraunias caen en el reino.
(Mi cabeza, entre helechos, se hace visible.)
Esta prisión fue una idea
tatuada en la piel joven del disfraz.
¿Pero quién nacía aquí para decir el fruto prohibido?
Decir: exhumar.
¡Inmensa miniatura la del gesto!
Yo, aun con mi boca llena de escamas.
Yo.
Manuel Lozano
Itaparica, noviembre 2005/Buenos Aires,
diciembre 2005
|